Relato Breve
El Olvido
Se oyó el tintineo de unas llaves en la cerradura. Su marido estaba abriendo la puerta. Eran las 12 de la noche, y Ana ya no aguantaba más...
Había estado sufriendo la ausencia de su marido durante meses, casi un año. Primero la ausencia psíquica, el olvido de fechas, de citas, de amarse... luego también la ausencia física. Siempre llegaba tarde: "hay mucho trabajo, tenemos que echar unas horas..." le decía.
Ana empezó creyendo esa historia; confiaba en él y siempre había sido bueno y atento con ella, pero una mañana...
Una nublada mañana de Febrero recibió una llamada. La llamada.
-¿Es usted Ana?
-Sí, ¿y usted, quién es?
-Eso no importa ¿verdad? Lo que importa es lo que voy a decirle...
-¿Cómo? ¿Qué quiere?
-Su marido, Antonio Martín, la engaña. Sale desde hace meses con otra mujer.
-Y usted... ¿cómo lo sabe?
-Soy la otra parte engañada. El marido de ella. Acuda esta noche donde le digo y los verá...
Por supuesto, Ana acudió. Desde dentro de su C2 pudo observar cómo Antonio daba el brazo a una joven a la que había visto antes en alguna boda de gente de la empresa. Los vio entrar en una cafetería. Parecían muy felices...
Volvió llorando y conduciendo a su casa. Esa noche hablarían; él se lo confesaría todo, puede que lloraran juntos y así se limpiaran las telarañas del alma. Luego, partirían de cero. Borrón y cuenta nueva. Todo olvidado...
-Antonio, por favor, siéntate. Tenemos que hablar.
Él sin decir nada, obedeció. Se sentó junto a ella y la miró a los ojos:
-Sí, Ana. Yo también quería decirte algo...
-¿Sí? Pues empieza.
-He conocido a alguien. Quisiera que nos tomáramos un tiempo. Separarnos a ver qué tal nos va. Tengo muchas dudas...
Ana no necesitaba oír más: aquello no era lo que había esperado escuchar. Él quería a otra, y ella sobraba. Estaba claro.
Se levantó y como si la hubieran hipnotizado, con la mirada fija, el rostro serio, se dirigió a la terraza de su bonito piso. De un salto, se sentó en la barandilla, y de ahí a la calle sólo medió un movimiento más...
Quería demasiado a su marido como para vivir sin él, y por ello tampoco hubiera podido hacerle el menor daño, pero había que dar una solución al problema. Y la había encontrado: Borrón y cuenta nueva. Todo olvidado... Todo olvidado...
Fin














