31/01/2007

Relato Breve

El Olvido

Se oyó el tintineo de unas llaves en la cerradura. Su marido estaba abriendo la puerta. Eran las 12 de la noche, y Ana ya no aguantaba más...

Había estado sufriendo la ausencia de su marido durante meses, casi un año. Primero la ausencia psíquica, el olvido de fechas, de citas, de amarse... luego también la ausencia física. Siempre llegaba tarde: "hay mucho trabajo, tenemos que echar unas horas..." le decía.

Ana empezó creyendo esa historia; confiaba en él y siempre había sido bueno y atento con ella, pero una mañana...

Una nublada mañana de Febrero recibió una llamada. La llamada.

-¿Es usted Ana?

-Sí, ¿y usted, quién es?

-Eso no importa ¿verdad? Lo que importa es lo que voy a decirle...

-¿Cómo? ¿Qué quiere?

-Su marido, Antonio Martín, la engaña. Sale desde hace meses con otra mujer.

-Y usted... ¿cómo lo sabe?

-Soy la otra parte engañada. El marido de ella. Acuda esta noche donde le digo y los verá...

Por supuesto, Ana acudió. Desde dentro de su C2 pudo observar cómo Antonio daba el brazo a una joven a la que había visto antes en alguna boda de gente de la empresa. Los vio entrar en una cafetería. Parecían muy felices...

Volvió llorando y conduciendo a su casa. Esa noche hablarían; él se lo confesaría todo, puede que lloraran juntos y así se limpiaran las telarañas del alma. Luego, partirían de cero. Borrón y cuenta nueva. Todo olvidado...

-Antonio, por favor, siéntate. Tenemos que hablar.

Él sin decir nada, obedeció. Se sentó junto a ella y la miró a los ojos:

-Sí, Ana. Yo también quería decirte algo...

-¿Sí? Pues empieza.

-He conocido a alguien. Quisiera que nos tomáramos un tiempo. Separarnos a ver qué tal nos va. Tengo muchas dudas...

Ana no necesitaba oír más: aquello no era lo que había esperado escuchar. Él quería a otra, y ella sobraba. Estaba claro.

Se levantó y como si la hubieran hipnotizado, con la mirada fija, el rostro serio, se dirigió a la terraza de su bonito piso. De un salto, se sentó en la barandilla, y de ahí a la calle sólo medió un movimiento más...

Quería demasiado a su marido como para vivir sin él, y por ello tampoco hubiera podido hacerle el menor daño, pero había que dar una solución al problema. Y la había encontrado: Borrón y cuenta nueva. Todo olvidado... Todo olvidado...

Fin

Posted by Marga at 19:35:22 | Permanent Link | Comments (1) |

La Comisión Europea

 Periódico 20 MINUTOS:

"La Comisión Europea (CE) tiene previsto adoptar el próximo martes un documento de consulta sobre la posibilidad de prohibir por ley el tabaco en los lugares públicos de toda la UE. "

Sin duda una de las mejores noticias de los últimos días para los no fumadores. Espero que, de una vez por todas, la bochornosa Ley de la Ministra Salgado sea revisada, modificada y mejorada por la Comisión Europea. En Irlanda y Escocia ya es así.

No hablo de estar en contra de las libertades y voluntades individuales de la persona. Hablo de que el uso de sus libertades y voluntades no entre en confrontación con el uso de las mías; y una de mis voluntades es la de no fumar, otra quizás sea la de no morir de cáncer de pulmón... Tampoco quiero aspirar el humo que los fumadores exhalan. Me niego.  Pueden hacerlo en sus domicilios particulares, y en la calle. Allá ellos. 

Igualmente, de ningún modo quiero que mis hijos, (porque no puedo hacer gran cosa por los hijos de los fumadores) aspiren el humo de cigarros ajenos. También me niego.

Desgraciadamente la Ley actual es una vergüenza: se aplica mal, e insuficientemente. Sólo los grandes restaurantes y las grandes Cadenas de Hostelería (VIPS, por ejemplo) han tomado decisiones inteligentes prohibiendo el uso del tabaco en sus instalaciones. Los bares pequeños (la mayoría) y algunos lugares de medidas confusas permiten fumar a todo el que quiera.

Espero que la Comisión Europea haga bien su labor, y dentro de poco tiempo podamos estar en cualquier lugar público sin tener que padecer vicios ajenos. 

Y finalmente, me voy a permitir un par de toques de atención:

1º) A las madres portadoras de cochecitos de bebés, y que al mismo tiempo llevan en su mano un cigarro encendido: ¿no os preocupa el humo que está tragando vuestro hijo? ¿No os importa que el cigarro o su ceniza caiga dentro del cochecito? ¿Tenéis conciencia? ¿Y cerebro... tenéis...?

2º) A los fumadores compulsivos que no pueden dejar de fumar cuando acuden a Centros de Salud, Clínicas, Hipermercados, étc.: ¿Podéis alejaros un poco de las puertas de acceso? ¿Podéis dispersar vuestras sucias colillas por distintos sitios? Más que nada, porque un día de éstos la montaña de cigarrillos no va a permitir el paso hacia estos lugares públicos...por no hablar de la cortina de humo que los no fumadores nos vemos obligados a respirar al entrar y salir de ellos...

Pensad un poco (entre cigarro y cigarro, claro)...

Posted by Marga at 12:16:45 | Permanent Link | Comments (1) |

30/01/2007

Mi médico

He de confesar, como ya saben quienes mejor me conocen, que todos los martes por la noche tengo una cita con el médico.

Es igual que esté sana como una pera, yo no falto a mi sesión de los martes con el Dr. House (Hugh Laurie). De hecho, ahora mismo estoy bastante celosa de una niñata menor de edad que se dedica, la muy guarra, a tirarle los tejos a mi médico... Menos mal que éste ya ha descubierto por qué es, y ha perdido el interés...

Greg, querido, ¿no me tienes ya a mí? ¿para qué necesitas a una niña tontaína cuando puedes tener a una mujer deseosa de ser intervenida de cabo a rabo (es un decir) por tí...? Sí, a lo mejor me estoy pasando un poco, pero ¡me va a dar igual!

Este hombre me supera, me puede... Hablo del personaje, por supuesto. Si el Dr.House pasara consulta en mi ciudad, pagaría lo que fuera porque me tomara la tensión y lo que no es la tensión, me escuchara el pecho (je,je), me viera las amígdalas y lo que no son las amígdalas o me diera con el martillito en las rodillas... Todo con tal de ver en su cara esa sonrisa pícara que me desarma.

No sé qué pensarán otras, pero para mí la inteligencia es el mayor atractivo que un hombre puede tener. Sólo los inteligentes pueden permitirse ser bordes... ¡ay Greg! y yo teniendo que ir al Seguro...

 

Posted by Marga at 12:34:06 | Permanent Link | Comments (0) |

29/01/2007

El egoísmo

Mal ha empezado su estreno como madre esta señora, Carmela Bousada.

De momento, y una vez expuestos los motivos que la han llevado a mentir, gestar y dar a luz a mellizos con 67 años, lo único que nos ha quedado claro a todos es su tremendo y desmesurado egoísmo. Simplemente, ha hecho lo que siempre ha deseado, lo que ha querido. Y punto. ¿Dijo usted responsabilidad? ¿Y eso qué significa...?

Para nada ha tenido en cuenta a sus futuros hijos, y para nada ha tenido en cuenta el hambre o la necesidad que pudiesen llegar a pasar (es pensionista y soltera), no sabe si podrá atenderlos como es debido, si podrá enviarlos a buenos colegios, si habrá capital para la universidad, la ropa que van a necesitar o lo que puedan sentir cuando sean conscientes de que su abuela no es su abuela, sino su madre...

Tampoco ha pensado la buena mujer en las necesidades psicológicas y de entretenimiento de estos bebés: no se le ha pasado por la imaginación que a buen seguro ellos querrán jugar con su mamá (ya que no hay papá), y querrán ser cogidos en brazos en muchas ocasiones; dormirán poco y discontínuo por las noches, enfermarán frecuentemente de pequeños (como todo hijo de vecino), y habrá que disponer de buena memoria, buena salud y capacidad de organización y aguante para criarlos, alimentarlos y proporcionarles las medicinas, las vacunas, y demás atenciones que requiere no ya un niño, sino dos.  Sé de lo que estoy hablando...

Ahora, en un alarde de "sensatez", ha decidido que "debe buscar un padre joven para sus hijos"... No tengo comentarios al respecto. Por lo menos, ninguno que pueda publicarse...

Lo siento mucho, muchísimo por esos dos niños. Si esa señora no estaba bien de la cabeza, alguien debió frenar su locura. Tuvieron que verla algunos doctores, creo yo, y ¿qué ocurrió entonces? ¿pudieron más los 45.000 euros que la conciencia? ¿están tan desquiciados los médicos como ella? ¿cualquier anciana caprichosa y con ahorrillos podrá gestar un niño, o dos?

Y mientras tanto, los niños de buena parte de Sudamérica, África y China, muriéndose de hambre y desatención...

 

Posted by Marga at 17:53:45 | Permanent Link | Comments (0) |

28/01/2007

Relato Breve

Reproduzco en este blog el Relato Breve que he enviado a Lugo para su posible publicación en la Revista Universitaria EVOHÉ, dirigida por Carmen Conde Gaute. ¡Deseadme suerte!

MIEDO

"Juan y Ana formaban una pareja feliz. Llevaban 10 años casados y tenían dos hijos: Juan y Alejandro, de 9 y 7 años de edad. Los cuatro componían una familia afortunada. Lo tenían todo, y únicamente pedían que su felicidad durase el máximo tiempo posible; toda una vida, si podía ser...

Tan sólo disentían en un asunto: Juan era ateo convencido y Ana, por el contrario, no. Ella era poco religiosa, pero su educación en un colegio de monjas durante 14 años de su vida, la había marcado para siempre. Su marido, cada vez que tenía ocasión, la pinchaba con tan espinoso tema:

  • ¡Ay Ana! ¿Cómo puedes creer que exista un Dios que todo lo sabe y todo lo puede? ¿Crees que el mundo sería tan catastrófico, de ser así? Espero que algún día tu inteligencia se anteponga a tus antiguas creencias...

  • Después de tantos años pretendiendo convencerme de la inexistencia de Dios, estoy por darte la razón, Juan. Realmente es complicado creer que si El nos quiere y nos protege, nos haga tanto daño al mismo tiempo...

Con el paso de los años, Ana iba aceptando cada vez más la lógica razón de su marido, y menos la utópica existencia de un Dios Todopoderoso. De cualquier forma, salvando este debate matrimonial, su relación era magnífica y daba gracias todos los días a la vida, por la suerte que había tenido al encontrar a Juan en su camino.

Un día, su marido propuso ir todos al campo a jugar al fútbol, deporte del que eran bastante aficionados. Ana encantada con la idea, preparó el almuerzo y pensó en que podía tomar el sol y leer, mientras su familia jugaba con la pelota. Y a ello fueron los cuatro...

Una vez en el campo, comenzó el partido:

  • ¡Yo seré el portero! – gritó Juan, el hijo mayor.

  • Vale; papá y yo te meteremos los goles – replicó el pequeño Alejandro.

En dicho campo había un lugar destinado a los partidos de fútbol. Disponía de porterías, de un césped bien cuidado, e incluso de gradas. Los niños se sentían felices de jugar con su padre. Ana, sentada sobre una manta y con un libro entre las manos, les observaba, y animaba al portero a parar los tantos:

  • ¡Ánimo Juan! ¡Páralos todos!

  • Sí, mamá, ya verás...

Alejandro y su padre se turnaban en la tirada de balones desde el punto de penalty, y el chaval los iba parando todos. Por desgracia, se distrajo un segundo en que miró a su madre, buscando como de costumbre su aprobación, y el salto que dio para coger el balón resultó excesivo y terminó golpeándose la cabeza con el palo derecho de la portería...

  • ¡Juan, Juan, por Dios! ¡Tu hijo!

Ana gritaba histérica, al tiempo que corría a socorrer a su pequeño. Su padre intentaba reanimarlo, pero no obtenía ningún resultado positivo. El chico yacía inerte en el suelo, con una herida en la cabeza de considerable importancia.

Durante meses, el pequeño Juan estuvo hospitalizado, en coma, en el Hospital Universitario más cercano a su casa. Su madre lo visitaba a diario, y cada vez que volvía a su hogar, ya de noche, venía más desesperada:

  • Juan, ¿de qué sirve todo? ¿de qué sirve la vida, si nuestro hijo se está muriendo y ya no lo disfrutaremos más, no lo abrazaremos más? ¿Para qué tanto esfuerzo en educarlo, en amarlo, en ayudarle a crecer, si nunca volveremos a estar juntos, si lo perdemos...? Juan, tú que me has abierto dolorosamente los ojos: ¿qué puedo hacer ahora que no me quedan esperanzas? ¡Juan tengo tanto miedo!

Finalmente, Ana había dejado de creer en Dios, y sólo pensaba ya en su marido, en su familia...

Una mañana, una fría y amarga mañana de febrero, ya no despertó.

Su continuo sufrimiento por la suerte de su hijo había hecho honda mella en su corazón, y éste había decidido no latir más, no sentir más el miedo... Su marido, su amado marido, había conseguido, sin querer, anular toda esperanza de volver a ser feliz, si no ya en esta vida, en otra futura y eterna.

Ese hombre al que me refiero soy yo, y hoy, con dos hijos sanos físicamente, pero destrozados en su interior, sólo ruego, suplico a la vida una cosa: si Dios existe, espero que algún día me perdone, porque yo nunca podré..."

 

FIN

 

 

Posted by Marga at 19:54:30 | Permanent Link | Comments (0) |
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