31/10/2007

Las apariencias engañan...

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29/10/2007

El Olvido


Se oyó el tintineo de unas llaves en la cerradura.  Andrés, su marido desde hacía diez años, estaba abriendo la puerta. Mientras le esperaba, Ana se mantuvo sentada en su sofá azul, con los ojos cerrados, evocando mejores tiempos.

Recordó, entre otras escenas de su larga vida en común, cuando su marido le dijo por vez primera que la quería... Fue una noche de verano, sentados en un cine al aire libre, de esos que ya escasean en las ciudades  y con el cielo y las estrellas por compañeros de butaca. Él le había tomado las manos entre las suyas, y suavemente había acercado sus labios al oído de su amada:

-Te quiero, Ana. Te quiero para siempre, así me muera si miento...
Dos años más tarde, ya estaban casados. “Hasta que la muerte nos separe...” Ambos sabían que así sería: la muerte o el olvido, que es el peor tipo de muerte que puede sufrir un enamorado.

Ocho años después de aquella magnífica boda, todo resultaba distinto. ¿Dónde van los juramentos cuando el amor se acaba? ¿Dónde las almas, cuando no encuentran cobijo en la persona amada?¿Se puede vivir sin amor? ¿Se quiere vivir sin amor?

Eran las 12 de la noche de un frío y maldito viernes de Enero,  y Ana había decidido  no aguantar más aquella situación...

Durante meses, casi un año, Ana había estado sufriendo la amarga ausencia de su marido. Primero la ausencia psíquica, el olvido de fechas, de citas, de hablarse, de mirarse, de amarse... luego también la ausencia física. Siempre llegaba tarde: “hay mucho trabajo en la oficina, tenemos que echar unas horas...” le decía una y otra vez.

Ana quiso creer esa historia; por un lado, resultaba cómodo y por otro, confiaba en él y siempre había sido bueno y atento con ella, no quería ni podía ofenderle con la duda...

Pero una mañana... Una nublada mañana de Enero recibió una llamada telefónica. La llamada.
-¿Es usted Ana?
- Sí, ¿y usted...  quién es?
- Eso no importa ¿verdad? Lo importante es lo que voy a decirle...
- Perdóneme pero... ¿Qué es lo que quiere?
- Su marido, Andrés Martín, la engaña. Sale desde hace meses con otra mujer.
- Y usted... ¿cómo lo sabe?
- Soy la otra parte engañada. El marido de ella. Acuda esta noche al Café Francés y los verá juntos...

El Café Francés... le hubiera resultado cómico de no ser por el estado emocional en que se encontraba tras la increíble llamada. Había ido en innumerables ocasiones a aquél Café junto a su marido...  El local, amplio, coqueto, romántico, decorado en tonos azules y tostados, lo regentaba un tal Mario, amigo de ambos desde la adolescencia.

Mario y su Café habían sido testigos de la amistad, el noviazgo y posteriormente del matrimonio de Andrés y Ana, pero eso, por lo visto, no era óbice para ser igualmente el lugar de sus encuentros adúlteros...

Por supuesto, Ana acudió. Desde el interior de su pequeño vehículo pudo observar cómo Andrés daba el brazo a una joven a la que creía haber visto antes en alguna boda de gente de la empresa. Los vio entrar en el Café. Los observó mientras se sentaban en una mesa y llamaban la atención del amigo Mario... Parecían muy felices...

Ana se sintió morir. Saberse traicionada por su marido y por su amigo a un tiempo era algo que ella no creía merecer. Volvió llorando y conduciendo a su casa. De todas formas, aquello aún podía tener solución...

“No hay peor muerte que el olvido”, se escuchó a sí misma decir. Más aún si la persona que te está obsequiando con la indiferencia es tu vida entera, tu razón de existir... tu ser... ¡No, aquello no podía estar pasando!


Esa noche, Andrés y ella hablarían: como primera medida  él se lo confesaría todo, puede incluso que lloraran juntos para  así limpiar las ruines telarañas del alma. Luego, más calmados, partirían de cero. Harían borrón y cuenta nueva. Todo olvidado...

- Andrés, ven, siéntate  a mi lado. Tenemos que hablar.

Él sin articular palabra, obedeció a su mujer. Se situó junto a ella y la miró a los ojos, en silencio:

(Te quiero para siempre, así me muera si miento...)

- Sí, Ana. Yo también he de decirte algo...
- ¿Sí? Pues... empieza entonces tú, por favor.
- He conocido a alguien. Quisiera que nos diéramos un respiro en nuestra relación. Separarnos a ver qué tal nos va. Tengo muchas dudas sobre mis sentimientos...

Ana puso su dedo índice en posición vertical sobre sus labios, susurrando, necesitando silencio... Ya no podía oír más. Aquello no era lo que había esperado ni deseado escuchar. Él amaba a otra, y ella sobraba. Estaba dolorosamente claro.

Se levantó del confortable sofá azul  como si el mismo diablo la hubiera hipnotizado, regia, con la mirada fija en la nada, el rostro serio, con la mirada más triste que imaginarse pudiera,  y se dirigió muy despacio hacia la terraza de su bonito piso. De un salto, se sentó en la barandilla, y de ahí a la calle sólo medió un movimiento más...

Quería demasiado a su marido, y lo quería desde hacía demasiado tiempo como para saber vivir sin él. Por ello, tampoco hubiera podido hacerle el menor daño, pero había que dar una solución al problema. Y Ana la había encontrado: Borrón y cuenta nueva. Todo olvidado... Todo olvidado...

Posted by Marga at 20:12:03 | Permanent Link | Comments (3) |

Aprendiendo a corregir

El escritor Ignacio García-Valiño, hace un par de años, dio una conferencia sobre cómo escribir una novela al estilo clásico, y al referirse a las correcciones (ésas que consiguen, en mi caso, que haya escrito la novela un par de veces), dice lo siguiente:


Correcciones:
 
Una  novela  se  hace  con  muchas  capas  superpuestas,  una  sobre otra. Es casi imposible escribir y no corregir. Nosotros pensamos que la corrección  constante  es  normal  e  incluso  buena.  Yo  corrijo  hasta  la obsesión, hasta que algo queda a mi entero agrado. A otros escritores les sale bien a la primera, y cada día escriben una o dos páginas que apenas corrigen. Pero son la excepción. 

Pero  en  una  primera  escritura,  a  veces  es  mejor  no  pararse  a corregir una y otra vez lo mismo, sino seguir adelante, para no quedarse bloqueado. Hay que llegar hasta el final. Tienes ya una primera versión, que estilísticamente puede ser chapucera, pero al menos ya está escrita.  La  segunda  fase  es  la  de  corregir  y  reescribir.  Es  bueno  dejar descansar un tiempo la novela para releerla con ojos frescos, y entonces nos ponemos manos a la obra para darle la segunda atacada.

Antes,   cuando   escribíamos   a   máquina,   podíamos   decir   “he reescrito  equis  veces  esta  novela”,  pero  ahora,  con  el  ordenador,  ha cambiado  esa  dinámica.  Es  mucho  más  fácil  corregir,  porque  no  tienes que repetir toda la página, así que corriges mucho más, y reescribes no cuatro veces, sino cuarenta. 
 
Para  mí,  corregir  consiste  la  mayoría  de  las  veces  en  podar.  La concisión  es  una  gran  virtud  narrativa.  No  digas  con  dos  frases  lo  que puedes decir en una. No lo expliques todo. Deja huecos para que el lector lo complete. La elipsis es una de las técnicas más elegantes, pues supone confiar en la perspicacia e inteligencia del lector. 

Monterroso dejó escrito: “Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando, procura que efectivamente lo sea, pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él."  
 
Posted by Marga at 10:53:44 | Permanent Link | Comments (1) |

27/10/2007

Algún día...

Una vez leída la autobiografía de la escritora Mary Higgins Clark, extraigo un pequeño fragmento del libro y se lo dedico a todos aquellos que, por alguna razón que a mí se me escapa, eligen el exabrupto como forma de expresión.

Es un párrafo que ya adelanté en el post "La inspiración", y que ahora expongo con más detalle:

"-Mary tiene mucho talento-declaraba mi madre-. De mayor, será una escritora de éxito.

Al echar la vista atrás, me siento enormemente agradecida por aquella temprana demostración de una confianza ciega en mí. Cuando empecé a enviar relatos cortos y ver cómo me los devolvían por correo, nunca me desanimé. La voz de mi madre siempre resonaba en mi inconsciente. Algún día me convertiría en una escritora de éxito. Lo conseguiría.

Esa es la razón por la que, si se me permite, me gustaría dirigir unas palabras a todos los padres y profesores: cuando algún niño acuda a vosotros para mostraros algo que haya escrito o esbozado, sed generosos y no escatiméis elogios. Si se trata de un trabajo escrito, no seáis demasiado puntillosos acerca de su ortografía o su caligrafía; fijáos más bien en la creatividad y ensalzadla. La llama de la inspiración necesita aliento. Cread alrededor de esa vela apenas encendida una campana de cristal que la proteja del desánimo o el ridículo."

Como bien decía Oscar Wilde, dramaturgo y novelista irlandés: "no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir, y decirlo."
Posted by Marga at 11:21:25 | Permanent Link | Comments (3) |

26/10/2007

Desde el exterior

Nunca tuvo una relación fácil: le reprochaba a su marido demasiadas cosas, y es que él no se dejaba modelar a su manera y antojo.

Ahora que lo ve ya más claro, le apena profundamente todo lo que le hizo sufrir durante tantos años. Alguien cercano se lo quiso hacer ver, con más pena que gloria, con más crueldad que cariño, con más desacierto que tino... sin embargo, le hizo pensar, recapacitar.

Un día, que ella decidió acompañarle a cierto acto familiar, en el cual se reunió mucha gente conocida por ambos, lo observó como nunca antes había hecho: desde el exterior. Simplemente, era un hombre crecido, capaz, resolutivo, eficaz, amable, cariñoso, atento, familiar, generoso... era el mejor de todos los hombres que en aquella reunión se dieron cita. Pudo verlo como siempre había querido verlo, y su enojo constante le había impedido.

Cuando quedaron a solas, ella se lo dijo. Le hizo saber que era su héroe, ese superhombre que tanto había echado en falta... y que realmente tenía tan cerca.

Desde aquella noche, todo es distinto entre ellos. Es mejor, por supuesto. Él se siente como Spiderman y ella como Mary Jane, en una película que no tiene fin...
Posted by Marga at 13:42:14 | Permanent Link | Comments (3) |
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