28/02/2007

Día de Andalucía

 

Permitidme que hoy, 28 de Febrero Día de Andalucía, deje en este blog un precioso poema de Manuel Machado, para honrar a mi  tierra, que si queréis, también es la vuestra.


CANTARES

Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.

Manuel Machado



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27/02/2007

¡Basta ya!

 

Unas frases acerca de la violencia, como protesta personal absoluta ante la incesante oleada de agresividad mortal contra las mujeres y niños.

Y una reflexión: ¿Qué les está pasando a los hombres...?

La violencia es el refugio de las mentes pequeñas. Proverbio chino

La violencia es el último refugio del incompetente. Isaac Asimov

La violencia es una debilidad. Jean Jaurès

La violencia no deja de tener cierto parentesco con el miedo. Arturo Graf

Para mí, sólo es justificable la violencia contra el tirano, pues el tirano es la encarnación de la violencia, y utilizarla contra él es una forma de destruirla. Josep Ferrater i Mora

Educad a los niños y no será preciso castigar a los hombres. Pitágoras de Samos

Educar en la igualdad y el respecto es educar contra la violencia. Frankl

La educación es la vacuna contra la violencia. Edward James Olmos

En memoria de la señora quemada viva por su "marido", por la recuperación física y psíquica de la niña de 10 años apuñalada por su "padre", y en general por todas las víctimas de la violencia irracional.

Por  ellas digo y repito: ¡Basta ya! 

 

Posted by Marga at 10:17:14 | Permanent Link | Comments (3) |

26/02/2007

A la vuelta de la esquina

 

Venía de la compra, andando despacito, pensando en lo que iba a poner de almorzar para su exigente y esquivo marido y para sus hijos... Todo corriente, todo normal. Pero la duda, la angustia, ¿la felicidad? estaban esperándola a la vuelta de la siguiente esquina...

-¡Hombre, Marta! ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!

Se había encontrado con una antigua vecina de su madre, y ésta empezó a contarle con pelos y señales todo lo que había acontecido en su antigua casa desde su boda.  Ella empezó a sentir un absurdo dolor de cabeza provocado por la incontinencia verbal de la buena mujer... Y de pronto, entre el murmullo incesable, lo escuchó:

-¿Te has enterado de la separación matrimonial de Luis? Sí niña, el hijo de María. Ahora se encuentra viviendo con su madre, como antes de casarse... ¿No salíais juntos de jovencitos? Bueno, siempre hablo demasiado...

Ambas mujeres por fin se despedían... Marta continuó andando despacito hasta su casa. Su marido e hijos debían tener la comida lista a mediodía. Y ella debía encontrar rápidamente un asiento. No se encontraba nada bien.

Recostada en el sofá del salón, con las bolsas aún sujetas por ambas manos, esbozó una sonrisa... La vida, puñetera, volvía a guiñarle un ojo...

 

 

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24/02/2007

De no bodas, no bautizos y no comuniones...

 

En esta época de progreso, modernidad, y bienestar (siempre hablando en términos generales) que nos ha tocado vivir, cualquiera que se atreva a opinar sobre la conservación de algún tipo de valores "antiguos", o simplemente tradiciones y costumbres habituales, es tachado inmediatamente de "facha" y "pepero" (PP).

Yo, y quien me conoce lo sabe, no puedo estar más lejos de esos dos adjetivos: ni soy de derechas, ni soy religiosa, ni voto al PP (tampoco voto a otro...). Digamos que mis ideas, aunque un poco eclécticas, giran más bien hacia la izquierda...

Dicho esto, me voy a atrever a opinar e incluso a burlarme un poco del  tema de hoy: la proliferación de celebraciones religiosas convertidas al laicismo. Ejemplos: bautizos y comuniones civiles... Y lo último de lo último: ¡celebraciones de no bodas!

He dicho bien. Si celebrar un bautizo o una comunión civil me parece una estupidez y una incoherencia, lo que me sugiere la celebración de una "no boda" (¿se acuerdan de Ronaldo y Daniela?)  mejor me lo callo...

Tengo que hacer un inciso en que una pareja puede perfectamente casarse civilmente, y eso sería totalmente respetable y recomendable incluso, pero yo aquí me refiero a la pretendida imitacion de la boda "religiosa"...

Lo pude ver en un reportaje de Andalucía Directo (¡ay paisanos!). Una pareja de novios que ya hacía tiempo convivían juntos sin mediar burocracia alguna, se informaron de que existía una Agencia (ignoro si hay más) que les podía organizar por un ¿módico? precio su no boda.

Y allí estaban los dos ínclitos jóvenes amancebados, hojeando montones de catálogos: trajes de novios y novias, cátering (en eso pretendían gastar poco), panfletos para saber qué decir en la no ceremonia, trajes para "madrinas y padrinos", étc., étc., étc. Supongo que la cifra de todo ello se asemejaría bastante a la de una boda común y corriente.

Por supuesto, también se incluía (cómo no) la consabida lista de ¿bodas?. Es decir, los invitados a la no boda estaban obligados a vestirse correctamente y a cumplir con la parejita de frescos, el día que a ellos o a la agencia se les ocurra no casarse, haciéndoles un caro regalo como si éstos se encontrasen formalizando su relación... Si a mí me invitan a una no boda, tengo claro que les llevaré un precioso no regalo...

Por cierto, estoy pensando para mis adentros en no casarme yo, al menos, una vez cada x años ... Por ejemplo, cada vez que pretenda un bonito viaje al Caribe (para salir luego en Interviú...claro), o cuando el dormitorio o el salón se me queden obsoletos... Tengo entendido que uno puede no casarse tantas veces como le apetezca...

¡Vivan los no novios!

 

 

Posted by Marga at 11:37:12 | Permanent Link | Comments (2) |

22/02/2007

Todos somos eruditos...

Cuando vi en televisión la noticia de que en ARCO habían colado un cuadro hecho por preescolares, y que el mismo había sido objeto de grandes halagos y análisis filosóficos, me acordé rápidamente de este cuento que abajo reproduzco. Sólo decir que ojalá fuera mío...

 
 
 

El traje nuevo del Emperador
[Cuento infantil. Texto completo]

Hans Christian Andersen

Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

FIN


 

 
 
Posted by Marga at 15:42:43 | Permanent Link | Comments (3) |
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