Siempre estás enfadada...
Mi madre me lo decía de pequeña, contínuamente. De adolescente, algo menos, y cuando llegué a la edad adulta, ya nunca más me lo dijo (puede que por temor, aunque estoy segura de que lo seguía pensando...)
Hoy me lo ha dicho él... he disimulado como he podido, bromeando, pero me ha matado. Esa frase que titula el post de hoy, llana y simplemente, me mata.
Y lo hace porque la considero injusta. Está claro que la apreciación que de nosotros mismos tenemos en nuestra mente, no necesariamente coincide con la que tienen los demás... Nosotros nos contemplamos a través de un espejo benévolo, complaciente, en el que casi siempre nos vemos bien. Y cuando no es así, nos perdonamos nuestros defectos con suma facilidad.
Yo nunca me he visto como esa persona extremadamente seria, fría y fácilmente enojable que algunos señalan. Pero teniendo en cuenta que es la imagen que de mí poseen dos de mis seres más queridos, debe ser cierto. Lamentable y penosamente cierto... Y sin embargo, yo no soy consciente de ello.

También es verdad que siempre señalamos en el prójimo aquéllo que no nos gusta, pero no hacemos lo propio con lo que sí nos agrada. Y probablemente, la balanza se incline del lado positivo... pero eso no nos lo dirán. Ni nosotros se lo diremos a ellos.
¡Con el bien que nos hace a todos unas palabras bonitas...!














