30/04/2007

Siempre estás enfadada...

 

Mi madre me lo decía de pequeña, contínuamente. De adolescente, algo menos, y cuando llegué a la edad adulta, ya nunca más me lo dijo (puede que por temor, aunque estoy segura de que lo seguía pensando...)

Hoy me lo ha dicho él... he disimulado como he podido, bromeando, pero me ha matado. Esa frase que titula el post de hoy, llana y simplemente, me mata.

Y lo hace porque la considero injusta. Está claro que la apreciación que de nosotros mismos tenemos en nuestra mente, no necesariamente coincide con la que tienen los demás... Nosotros nos contemplamos a través de un espejo benévolo, complaciente, en el que casi siempre nos vemos bien. Y cuando no es así, nos perdonamos nuestros defectos con suma facilidad.

Yo nunca me he visto como esa persona extremadamente seria, fría y fácilmente enojable que algunos señalan. Pero teniendo en cuenta que es la imagen que de mí poseen dos de mis seres más queridos, debe ser cierto. Lamentable y penosamente cierto... Y sin embargo, yo no soy consciente de ello.

También es verdad que siempre señalamos en el prójimo aquéllo que no nos gusta, pero no hacemos lo propio con lo que sí nos agrada. Y probablemente, la balanza se incline del lado positivo... pero eso no nos lo dirán. Ni nosotros se lo diremos a ellos.

¡Con el bien que nos hace a todos unas palabras bonitas...!

 

 

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Música y Magia


Éste es uno de los vídeos de Michael Jackson que más me gustan: "Remember the Time".




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27/04/2007

Maldito reloj

 

Ana era una bonita joven, allá por los años sesenta, y salía con Alfonso, un muchacho algo mayor que ella, del cual estaba profundamente enamorada...

Llevaba ya unos cinco años hablándole a su novio, rondaba las 26 primaveras y sentía una lejana llamada en su interior. Como un despertador sonando, al que hubieran cubierto con un almohadón...

Sobre esa época, una buena a la par que envidiosa amiga le alertó sobre un asunto: su prometido se veía con otra chica las tardes que no salía con ella. Aquello la dejó inmóvil. ¿Cómo podía ser? Salía con Alfonso casi todos los días... Bueno, menos las tardes que él tenía que hacer horas extras, y las que tenía que visitar a sus abuelos, y las que...

Sí. Podía ser cierto. Tenía que hablar con él.

Después de una charla, una bofetada y un llanto, lo que podía ser cierto, finalmente lo fue...

Ana rompió su relacion con Alfonso a un paso del Altar, y cercana ya a los 27 años. En 1.962, estar aún soltera con esa edad era poco menos que una condena. Y para colmo, esa llamada interior.... ese riiiiiing que no dejaba de sonar, cada día con más fuerza... como si se fuese cayendo el almohadón que lo cubría...

Después de un periodo de luto por la ruptura, y sin olvidar nunca aquél amor, se fijó en un joven de su empresa dispuesto a casarse con ella desde el primer día  que la vio: Antonio, se llamaba. Como se decía por aquellos tiempos, venía con los papeles debajo del brazo, y estaba perdidamente enamorado de la guapa chica de la oficina, desde siempre. Sólo esperaba la oportunidad de que ella quedara libre.

Ana se dejó querer. Tenía ya 28 años, y el reloj sonaba ya sin almohadón, fuerte, inoportuno, agotador...

Se casaron cuando ella cumplió los 29 años, y sí... le quería, le tenía cariño... nada más. A los 10 meses exactos vino al mundo Eva, y Ana estaba convencida de que Antonio sería el mejor padre del mundo. Nada les faltaría con él.

Puede que ella, cada noche, echara de menos el amor que aún recordaba en la persona de Alfonso, pero lo importante era que el maldito reloj había dejado de sonar... por fin...

Posted by Marga at 11:29:28 | Permanent Link | Comments (0) |

26/04/2007

El sucesor

 

Benedicto XVI había muerto. Había llegado a los 95 años. El pueblo, incluído el católico, se encontraba cada vez más decepcionado con la política eclesiástica: el hambre no terminaba en el tercer mundo, las desigualdades se acentuaban de forma irreversible, las declaraciones de determinados miembros de la Iglesia anunciaban catástrofes y amenazas sobre cualquiera que se atreviera a contradecirles y desobedecerles...

El caos reinaba por vez primera sobre la religión católica y sus fieles, hasta entonces incuestionable en la voz de su Santidad. Pero éste había muerto, dejándolo todo patas arriba.

En un intento desesperado de todos los Cardenales y Obispos por recuperar almas perdidas, y por mantener la Ciudad del Vaticano lo más intacta posible, decidieron nombrar un nuevo Papa entre sus miembros más populares. Salió elegido por unanimidad un hombre relativamente joven, amable, cercano, de mentalidad aperturista y con ideas nuevas y tendentes a la solución de problemas concretos.

Este hombre, una vez nombrado Papa, empezó a tomar decisiones drásticas: pretendía desmontar gran parte del tinglado, vender cuanto se pudiera, destinar la mayor parte de la riqueza del Palacio a solventar problemas graves, como el sida, el hambre y demás.

Vestía de forma sencilla, y se negaba a llevar anillos de oro, varas, tocados, túnicas y avalorios que pudieran darle una mayor relevancia sobre los demás.

Tanto los católicos como los que no profesaban religión alguna, empezaron a idolatrarle, a quererle, a necesitarle...

Sólo eran decisiones escritas. Su ejecución y venta se producirían meses más tarde. Él se ofreció misionero voluntario para llevar la comida y las medicinas allá donde hicieran más falta. "No sólo de oración vive el hombre", se atrevía a decir...

Tres semanas después de su nombramiento, y como ya sucediera con Juan Pablo I, amaneció sin vida sobre su ostentosa cama, también incluida en sus planes de venta. El mundo entero lloró sin consuelo porque no sólo habían perdido un Papa.

Habían perdido la esperanza. Habían perdido la fe...

Posted by Marga at 12:12:02 | Permanent Link | Comments (1) |

25/04/2007

Historia de la Feria de Abril

Para propios y extraños, dejo aquí una breve exposición sobre el principio de la Feria de Abril de Sevilla, encontrada en Andalunet. Lo que se celebra hoy en día, tanto en su fondo como en su forma, nada tiene ya que ver con aquél acuerdo al que llegaron un vasco y un catalán. Sí, la idea no fue de los andaluces...

"Los orígenes de nuestra Feria de Abril se encuentran en un 25 de agosto de 1846 en que Narciso Bonaplata y José María de Ybarra firmaron una proposición que presentaron al Cabildo Municipal pidiendo autorización para que durante los días 19, 20 y 21 de abril se celebrara una feria anual.

El Cabildo Municipal vio con buenos ojos la iniciativa del vasco y del catalán -curiosamente no fueron andaluces los precursores-, secundada por numerosos ganaderos y agricultores. Así en 1847 se celebra la primera Feria de Abril.

El Cronista Oficial de la Ciudad, el Sr. Velázquez y Sánchez, dejó escrito que "para inaugurar la importante concesión en los días 18, 19 y 20, el Ayuntamiento acordó una Exposición de ganados, con adjudicación de premios en concurso, de toros, bueyes, carneros, caballos sementales y yeguas, admitiéndose a optar al regalo de unas espuelas de plata a jinetes de caballos de escuela española. Concedidos a los ganados los pastos gratuitos de Tablada y el Prado de San Sebastián, se construyeron dos abrevaderos o pilones en San Bernardo y frente al foso de la Fábrica de Tabacos, situándose un café y repostería en tienda espaciosa para comosidad de tratantes corredores y dependientes de los ganaderos, al cuidado de su negocio; instalándose Juzgado especial en la caseta que el Municipio erigió a la salida de la Puerta de San Bernardo. Desde dicha puerta a la inmediata de la Carne (de Min-Hoar en lo antiguo) se establecieron en dos hileras puestos de juguetes, frutas y dulces, y en la acera del Prado, desde el Tagarete hasta San Bernardo, las tiendas de buñolería, bodegones y tabernas; hallándose acomodadas en la calle Nueva (San Fernando), en zaguanes de sus casas, joyerías, roperías, despachos de efectos de modas, novedades y exhibiciones; repartiéndose por los contornos del Prado las máquinas giratorias de caballos y calesas, cosmoramas y el siempre terrible aporreador Don Cristóbal Polichinela con su inseparable Doña Rosita. El segundo y tercer día de Feria fueron lluviosos, pero se amplió por otro más el mercado.

Conviene destacar que en el programa de la propuesta inicial se indicaba que el 19 de abril de 1847 se concedería un premio de cuatro mil reales de vellón al que presentara el buey de menos de cuatro años que pesara mayor número de libras sobre mil; otro premio de igual cantidad, al mayor buey de cualquier edad. De dos mil reales al mejor lote de diez carneros de dos años; otro igual al lote de diez carneros merinos de mejores lanas. Uno de seis mil reales al mejor toro que se eche en la corrida del día veinte, y otro premio igual al caballo más corredor en la carrera a verificar el día 21 de abril."

Debo decir que la autora de este blog es totalmente antitaurina, como muchos otros sevillanos, y que solamente se siente orgullosa de la Feria en el Real.  La violencia, indistintamente de la forma que adopte, siempre será rechazada por mí.

Posted by Marga at 11:41:11 | Permanent Link | Comments (0) |
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