El anterior post, dedicado a la formación de la autoestima, lo hice (perdonen ustedes) pensando en mí y en personas como yo. Me resulta difícil aceptarlo, pero la verdad es que el concepto sobre mí misma es bastante bajo.
A ello han colaborado, qué duda cabe, algunas personas de mi entorno. Gente que debió haber hecho todo lo contrario a lo que hizo en según qué momentos.
Existen personas que, al disfrutar de una personalidad fuerte y poderosa, no necesitan de modelos, ejemplos, iconos, dioses y demás maestros para ayudarles a conformar un adulto valioso. A este tipo de personas no les afecta el haber tenido buena o mala suerte con sus padres, profesores, hermanos mayores, amigos, étc. Ellas saben por sí solas elegir bien su camino. Incluso en la mala enseñanza saben encontrar la senda correcta. Son seres afortunados...
Por el contrario, yo me englobo en el grupo de seres humanos que necesitamos casi constantemente la aprobación y revaloración de nuestro prójimo. Cuanto más cercano y querido sea, más la necesitamos. Las críticas nos hieren profundamente, y gastamos nuestra vida en curtirnos y endurecernos para que las palabras ajenas no nos hagan daño. Ese temor e inseguridad personal hace que huyamos frecuentemente de la compañía de nuestros semejantes, de las reuniones y de los actos sociales. Si estás solo, nadie podrá herirte...salvo tú mismo.
La impresión que podemos ofrecer al exterior es, increiblemente, la contraria a la que observamos cuando nos miramos al espejo: la de una persona altiva, exigente, antipática y esquiva, que va perdonando la vida a los demás...
Cuando llega la madurez, nos damos cuenta de la cantidad de oportunidades sociales que hemos ido dejando tiradas por el camino, pero ya es tarde (¿lo es?). Y lo más curioso, es que esos allegados que no te ayudaron cuando debían, son los primeros en reprocharte tu carácter, tu aislamiento. Supongo que es más fácil destruir que construir...
Espero en próximos posts, poder decir que he vencido algunas de mis fobias, y que mi vida social es de otro color.
Del color de la esperanza...