Obcecación
El destino, ése en el que tampoco creo, se obstina en llevarme la contraria una y otra vez. Se cruza en mis actos, transformándolos y mostrando una imagen equivocada. Pedro M. tenía razón, pero quizás ya sea tarde para dársela.
Mi familia espera que yo gane algún premio, por minúsculo que sea, para leerme. No lo harán antes. Supongo que piensan que si no soy merecedora de algún galardón, no soy merecedora tampoco de ocupar su valioso tiempo.
Mi novela descansa, aburrida, en un despacho a que llegue un maldito artículo de papelería para poder ser encuadernada y posteriormente, registrada. Creo que lleva así un mes. No hay prisa. Los favores no se reclaman.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y yo sigo obcecada en ponerme gafas de cristal rosa. Tal vez sea el momento de guardarlas en un cajón...
Éste es el micro relato con el que participé en el último concurso. Como bien me informó Teresa, ayer se publicaron los ganadores de Magno. Los nombres de los que hoy, seguramente, estarán más cerca de las estrellas. Cada uno de la suya.
El texto, cuya extensión era la máxima permitida, es la adaptación breve de un antiguo relato mío.
Luís llevaba años queriendo dejar aquél empleo... pero no se atrevía. Su responsabilidad le obligaba a soportar lo insoportable. Sentía su alma gastada.
Consciente de no aguantar mucho más, se sirvió una copa de brandy, uno nuevo que su mujer le había regalado, y se sentó frente al portátil. Magno, su viejo y fiel perro, parecía dar el visto bueno. En poco tiempo, consiguió un puesto de gerencia en una multinacional: la suerte le acompañaba…
Solicitó una reunión con sus jefes y lo soltó. Se había vestido impecablemente, y estrenaba un alma nueva.
-Señores: dimito.
Se escandalizaron. No daban crédito. Su apocado empleado de siempre les abandonaba…
De noche, en casa, con otra copa de aquél nuevo brandy, y acariciando a su querido Magno, llamó a su mujer para contárselo.
Era el hombre más feliz del mundo: no sólo porque vestía alma de estreno, sino porque hacía mucho que su esposa no le miraba y besaba de aquella forma...














