14/05/2008

Obcecación


Ayer fue Martes y 13. Y yo no soy supersticiosa. Pero ayer fue un mal día. Tanto que comencé a replantearme algunos asuntos. Quizás no debamos empeñarnos en imposibles, ni desear las estrellas cuando aquí, en la tierra, se es razonablemente feliz.

El destino, ése en el que tampoco creo, se obstina en llevarme la contraria una y otra vez. Se cruza en mis actos, transformándolos y mostrando una imagen equivocada. Pedro M. tenía razón, pero quizás ya sea tarde para dársela.

Mi familia espera que yo gane algún premio, por minúsculo que sea, para leerme. No lo harán antes. Supongo que piensan que si no soy merecedora de algún galardón, no soy merecedora tampoco de ocupar su valioso tiempo.

Mi novela descansa, aburrida, en un despacho a que llegue un maldito artículo de papelería para poder ser encuadernada y posteriormente, registrada. Creo que lleva así un mes. No hay prisa. Los favores no se reclaman.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y yo sigo obcecada en ponerme gafas de cristal rosa. Tal vez sea el momento de guardarlas en un cajón...

Éste es el micro relato con el que participé en el último concurso. Como bien me informó Teresa, ayer se publicaron los ganadores de Magno. Los nombres de los que hoy, seguramente,  estarán más cerca de las estrellas. Cada uno de la suya.

El texto, cuya extensión era la máxima permitida, es la adaptación breve de un antiguo relato mío.
Alma de estreno
 

Luís llevaba años queriendo dejar aquél empleo... pero no se atrevía. Su responsabilidad le obligaba a  soportar lo insoportable. Sentía su alma gastada.


Consciente de no aguantar mucho más, se sirvió una copa de brandy, uno nuevo que su mujer le había regalado, y se sentó frente al portátil. Magno, su viejo y fiel perro, parecía dar el visto bueno. En poco tiempo, consiguió un puesto de gerencia en una multinacional: la suerte le acompañaba…

Solicitó una reunión con sus jefes y lo soltó. Se había vestido impecablemente, y estrenaba un alma nueva.

-Señores: dimito.


Se escandalizaron. No daban crédito. Su apocado empleado de siempre les abandonaba…


De noche, en casa, con otra copa de aquél nuevo brandy, y acariciando a su querido Magno, llamó a su mujer para contárselo.


Era el hombre más feliz del mundo: no sólo porque vestía alma de estreno, sino porque hacía mucho que su esposa no le miraba y besaba de aquella forma...

Posted by Marga at 09:35:20 | Permanent Link | Comments (11) |

08/04/2008

Un sábado más


"Sábado noche. Discoteca de mayores de 25. Soledad, Amparo y Rosario, tres mujeres de más de sesenta, ya viudas y amigas por encima de todo, se disponían a salir a bailar como cada fin de semana.


Eran mujeres fuertes, mujeres que ya habían dado lo mejor de sí mismas para sus hijos y sus nietos. Mujeres que habían quedado viudas demasiado pronto. La posguerra no había procurado una buena salud a sus maridos: demasiado tabaco, demasiado trabajo, demasiado alcohol en ocasiones...


Era su momento. El momento de volver a intentar ser felices. No pretendían conquistar a nadie y mucho menos casarse de nuevo. Se sentían felices por su recobrada independencia, por su libertad... y sólo querían salir, divertirse, bailar, reir... de nuevo. En su juventud habían tenido prohibidas tantas cosas...


Amparo destacaba entre sus amigas: era la más atractiva, la más cuidada, la más alta. En los momentos de música lenta, nunca la dejaban sentada. Señores mayores de todo tipo requerían su presencia en la pista de baile. Ella se dejaba querer, se dejaba admirar... hasta que un buen día llegó él.


Se llamaba Ricardo y sus miradas se encontraron al poco de hacer ella su entrada en la discoteca. Un sábado más... y un sábado único. El mejor sábado de su vida.


Coquetearon, bailaron, se intercambiaron sus teléfonos... ella lo retuvo en su memoria, aún sabiendo que jamás le llamaría. ¡Una señora llamando a un hombre! ¡Por Dios... no estaba tan loca! ¿Qué pensarían sus hijos?


Ricardo acudió a la discoteca un par de noches más. La veterana y atractiva pareja disfrutaba mutuamente de su compañía. Amparo, que nunca había querido rehacer su vida sentimental, empezó a sentirse vulnerable ante aquél señor tan amable y respetuoso. Él le había prometido mucho... todo. A la tercera ocasión, ya le declaró sus sentimientos: no quería perderla por nada en el mundo. A los 70 años sabía que había encontrado a su media naranja. Era ella... por fín.


Pero no volverían a verse. Amparo siguió acudiendo a su cita con el baile, sábado tras sábado, con la callada esperanza de ver a su pareja. Su educación y sus valores le impedían llamarle por teléfono o ir a su casa... No sabía mucho más... La tristeza y la desolación parecían empeñarse en volver a hacerle compañía.


Su enfado y su decepción por el olvido de Ricardo no tardarían mucho en disiparse para convertirse en lágrimas de nostalgia...


Su amiga Soledad había llamado por ella a su casa, para interesarse por aquél caballero. No había olvido, no había decepción, no había engaño... Ricardo se había ido. Para siempre. El corazón, ese corazón que había entregado finalmente, le había fallado cuando más lo necesitaba.




Y ella lloró, pero con el consuelo de saber que aquél señor no le había fallado. El amor y la ilusión no tenían edad, una vez más.


Se enjugó las lágrimas más amargas que pudo llorar y se vendó con fuerza el alma, y fue a reencontrarse con la vida una vez más... un sábado más..."





Posted by Marga at 20:46:58 | Permanent Link | Comments (2) |

27/02/2008

Jaimito y Mariquita


Hoy voy a contar un bonito cuento... Es, como diría mi querido Gandía, un caso verídico. A él lo llamaremos Jaimito. A ella le pondremos de nombre Mariquita. Y a la tercera en cuestión, la bautizaremos como Selena... El socio será Periquito.

Los protagonistas son conocidos míos... bueno, en realidad a él lo conozco un poco y a ella, cada vez menos. Pero no daré más pistas, que los lectores de este Blog son muy inteligentes y en seguida captan las ondas.

"Verano de 2005. Jaimito y su socio acuerdan que para aprovechar los recursos humanos disponibles en la naturaleza, es conveniente para su negocio incorporar a una persona, a ser posible de sexo femenino, en calidad de meritoria (ahora también llamadas becarias) para sacar trabajo adelante sin desembolso económico.

Jaimito se muestra un tanto reticente (o eso cuenta a su mujer) ante la idea de la becaria, esto es: Selena, pero su socio Periquito le convence y la llaman a la "Sociedad Becaria" a la que pertenece.

Por las puertas de la pequeña empresa entra una señorita de 21 años, muy dulce y amable, con un sensual acento italiano y con una personalidad de la talla 100...

Al concluir los tres meses del acuerdo empresarial, los socios deciden que deben tener alguna deferencia con Selena, ya que invitarla a diario al desayuno y demás tentempiés no les parece suficiente...

Dicho y hecho: Jaimito comunica a Mariquita que celebrarán una comida de despedida, lógicamente con ella y la esposa del compañero, ante lo cual, Mariquita se muestra conforme y encantada.

Pasan los días y Mariquita no recibe más noticias sobre la reunión, a pesar de ofrecerse para reservar donde su marido le diga. De pronto, un domingo por la noche (habiendo reunido valor durante todo el fin de semana) Jaimito le dice a su Mariquita de su alma lo siguiente:

-Hemos pensado que será mejor que Periquito y yo comamos con Selena por separado, en días distintos, ya que es imposible reunirnos todos... Y se va a ir la guayaba, digo la muchacha a su país y no vamos a tener el detalle... Por cierto, a mí me toca mañana (risas nerviosas).

-Eso ni se te ocurrirá ¿verdad? -le dice Mariquita siguiendo la broma -o salimos todos juntos, o no hay nada de qué hablar. Porque si tú te fueras con esa chica a almorzar, yo haría lo propio en cuanto tuviera ocasión... (más risas y más nerviosas).

-Claro, claro. ¡Trato hecho! -dice él sin dejar de sonreir -los dos podemos hacer lo que queramos, ya somos mayorcitos.
 
A esta absurda conversación siguió un apretón de manos por parte de Jaimito y Mariquita, que no dejaban de reir, aún sin saber por qué se reían tanto...

Mariquita pensó en todo momento que se trataba de una broma más de su guasón marido. Él no.

Al día siguiente, Jaimito se fue a comer con Selena (que a nada se negaba), dejando la comida plantada a su Mariquita, que en ningún momento creyó que él fuera en serio con su broma...

El meritorio y agradecido almuerzo, regado con un vino que no era de la casa, terminó con el acompañamiento de Selena en coche a su apartamento. Mariquita ya no sabe más. Se ignora si hubo charla de sobrecama, digo de sobremesa.

Ni qué decir tiene el cabreo que Jaimito provocó en su esposa, y lo cerca que estuvo la pareja de iniciar caminos separados...

Aún hoy, ella espera tener la oportunidad de la réplica. Sobre todo, para que luego no digan que ella no sabe también gastar una broma..."
Posted by Marga at 10:19:15 | Permanent Link | Comments (8) |

07/11/2007

Cita a Ciegas

"Corrían los años 80. Alberto se mostraba impaciente por leer los anuncios de contactos del suplemento dominical.Yo, como amigo suyo que era, le animaba a leerlos cada semana:

-Déjame el periódico, mamá, hoy presiento algo importante...

Empezó a buscar por atrás, para llegar antes a su objetivo: conocer a una chica y divertirse con ella, en el buen sentido, claro. Él no era un "cabeza loca", como algunos de sus amigos, entre los que yo me encontraba...

Finalmente, lo vió. El anuncio rezaba como sigue: "Chica 19 años, optimista y divertida, busca chico con el que salir, charlar y compartir todo lo bueno".

-Ésta va a ser -se dijo, y tal como lo pensó, lo hizo. Respondió a aquél anuncio del periódico...


Veinte años más tarde, cuando los anuncios de contactos han pasado de moda gracias a internet, aún se emociona al recordar a la que sería la mujer de su vida, acercándose a él y preguntándole:

 -¿Tú eres Alberto?


Ayer tarde los ví paseando junto a sus hijos, por el Parque de Maria Luisa, y sentí envidia y alegría al mismo tiempo. Saludé a mi amigo y a su encantadora mujer y pude observar el brillo de la felicidad en sus ojos.

-Por cierto, Antonio -me dijo-Gracias, gracias por todo... no pude dártelas en su momento y lo hago ahora. Gracias de corazón.

No hay de qué, pensé sin articular palabra, y me alejé caminando solo, despacio y añorando aquella época de futuros por dibujar. ¡Ojalá yo hubiera sido tan bueno con el pincél como mi amigo...!"

Posted by Marga at 00:00:00 | Permanent Link | Comments (1) |