22/05/2008

Amigas desesperadas


Cada miércoles, a las 21:35 (luego empieza casi a las 22:00...), estoy como un clavo frente al televisor para ver un nuevo episodio de Mujeres Desesperadas (Desperate Housewives). Pienso que el título en inglés es más acertado que el español, ya que se refiere a mujeres, amas de casa y desesperadas para ser exactos.

No suelo perdonar tampoco a House los martes, salvo que haya un partido importante, en cuyo caso claudico en favor de la parte contratante. Soy muy buena... 

Las protagonistas son cuatro mujeres ya no tan jóvenes, aunque aún de buen ver, muy distintas cada una pero muy buenas amigas al mismo tiempo. No comparten casi nada: una está casada y tiene hijos mayores, otra también lo está pero sus hijos son muchos y pequeños, la tercera es una coqueta patológica y egocéntrica que no tiene hijos, y la cuarta es una ingenua despistada que no termina de conseguir lo que para ella es la  familia perfecta.

También existe una vecina rubia devorahombres que aparece y desaparece causando más problemas que otra cosa. Tampoco ésta es feliz, ya que piensa que  ha perdido su último tren.

Si tuviera que identificarme con alguna creo que no podría hacerlo. No soy ninguna y soy todas a un tiempo. En porcentajes diría que poseo un 40% de Bree Van de Kamp (Marcia Cross),  un 20% de Lynette Scavo (Felicity Huffman), otro 20% de Susan Meyer (Teri Hatcher), un 10% de Gabrielle Solís (Eva Longoria) y otro 10% de Eddie Britt (Nicollette Sheridan).


Me llama poderosamente la atención la amistad a prueba de bombas que se profesan las cinco vecinas, a pesar de su disparidad de criterios y opciones vitales. Supongo que se debe únicamente a la irrealidad televisiva, porque a mí me han surgido problemas con distintas presuntas amistades debido precisamente a sus dispares modus vivendi. Y todas han estado a años luz de las diversas problemáticas de esas cinco mujeres desesperadas.

Simplemente por un estado civil que te inhabilita para el diálogo, por una escasa lejanía geográfica, por un bebé que impide el más mínimo movimiento independiente, por un resfriado que debió volverse crónico, por una playa que no puede dejar de aprovecharse ni un sólo fín de semana, por... infinidad de excusas a cual más inverosimil para no concretar un encuentro. Al menos una vez al año. Resulta siempre imposible.

A estas amigas de ficción, ni un tornado (último episodio) puede con ellas. Ni con su amistad. Supongo que no todos estamos dispuestos a hacer un esfuerzo tan "titánico" para vencer los obstáculos de nuestras vidas, en favor del amigo que nos necesita. O que simplemente te solicita unas horas de tu tiempo, para charlar y tomar una copa.

Salvo si hay un funeral. Ahí vamos todos. Ahí no existe escasez de tiempo, ni enfermedades, ni bebés, ni gaitas...  Y siempre suelen repetirse las mismas hipócritas frases: "a ver si nos vemos en otro momento más agradable"... "sólo nos vemos en los entierros"... "te llamo y quedamos"... "¡cuánto tiempo sin vernos, tenemos que llamarnos más a menudo!"...

Supongo que ésta es la realidad. Mujeres Desesperadas no deja de ser una serie de ficción difícil de creer... Como Peter Pan, Alicia en el país de las Maravillas, Blancanieves y los 7 enanitos...


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19/05/2008

Expulsados del paraíso


"Mi amiga Karina (proclive a tomarme el pelo con disimulo) me preguntaba ayer,  cómo seria hoy para los hombres una mujer perfecta.

Antes de responderle el habitual “no existen”, le recordé la película protagonizada por Nicole Kidman, sobre una novela de Ira Levin, en la que las señoras-robot que habían creado los varones para la felicidad del pueblo, eran bellas, sumisas, fieles, gentiles, de sonrisa permanente, cocinaban bien, y jamás levantaban la voz. Obviamente no trabajaban fuera de la casa, nunca se quejaban de nada y se dedicaban a pleno a su familia. Pero también, pequeño detalle, a ellas en su función conyugal, nunca les dolía la cabeza.


Pido disculpas por pensar que cuando un macho humano se va a casar lo hace para encontrarse (aunque lo niegue) con esas chicas siempre listas a llevarnos al paraíso. Mientras que una mujer independiente, autosuficiente, decidida, generadora de sus propios proyectos y que quiere ser ella misma, nos despierta una gran zozobra, y nos revela a cada instante que no hay garantías ni certezas.


Ahora bien, hubo una era en la que muchas de ellas naturalmente se ajustaron al modelo de Ira Levin, pero descubrieron que las pocas que no lo hacían se convertían en las amantes de sus maridos, totalmente aburridos de sus esposas perfectas. Y es entonces cuando las damas-robot se sacaron las pilas y patearon el tablero, cuestionando el ordenamiento fálico de la sociedad. Y así ocurrió lo significativo de nuestro tiempo.


Tipos y minas hoy descubren a diario que solo somos animales simbólicos que se angustian, atravesados por un lenguaje que nos preexiste, buscadores inclaudicables de goce movidos por el deseo. 
Pero un deseo que no siempre se satisface con lo socialmente esperable, un deseo que además no se cancela, para peor, porque no hay nadie que nos venda boletos para volver al planeta en el que vivimos cuando no teníamos ombligo.


Mientras, esta Eva “imperfecta” de hoy, cada día, pacientemente vuelve a lustrar la manzana que le dió la serpiente para lograr, incluso a costa de su propia inquietud, comérsela ella sola, mientras su desorientado Adán, ese héroe de historietas que ya nadie lee, sigue durmiendo con un ojo abierto, vigilando absurdamente que no pase lo inevitable. (Luis Buero, periodista argentino)

Traslado al blog este artículo de Luis Buero, al considerarlo interesante y demostrativo de lo que un hombre puede sentir. Un hombre, en general, se entiende.

No hace mucho que los papeles estaban claros y delimitados, tanto para uno como para otro sexo, y todas las cuestiones tenían su respuesta socialmente aceptada y conocida.

Mi madre, allá por el año 1.965 se encontraba trabajando como secretaria de dirección en las oficinas de los astilleros sevillanos. Logró llegar a tal puesto después de muchos años de dedicación y demostrada valía. Por aquél entonces, a las señoritas sólo se les enseñaba (en los servicios sociales ideados por el generalísimo) a coser y a conducir un hogar. Ella fue una precursora de la mujer independiente. Nunca le gustó la costura...

Pues bien, cuando decidió casarse no hubo duda alguna: tanto su novio, como su jefe, como ella misma sabían que debía abandonar su empleo. No hubo reflexiones, ni preguntas... al comunicar su intención de enlace matrimonial, la empresa le preparó el finiquito y le deseó la mayor de las felicidades, a lo que ella, honrada y complacida, respondió dando las gracias e invitándoles a su boda... Así se hacía por aquél entonces con todas las mujeres de la empresa. Sólo con ellas. Y lo más curioso es que estaba bien visto por todos...

Una mujer, al contraer nupcias, sólo podía dedicarse a su marido primero, y a sus hijos después. La sociedad sabía que únicamente de esa forma podría funcionar una familia, y por extensión, una sociedad. Ahora esto ya no lo piensa ni el P.P.

Sin embargo, el hombre se sentía más seguro en aquél escenario de "mujer dedicada" que ahora. Antes, ella aceptaba de mejor o peor gana lo que el destino le deviniera a través de su marido. Era una lotería, pero había que "apechugar" con ella... hasta la muerte. El hombre no se quedaba, tras un divorcio, en la calle y sin familia. El hombre era respetado...

Ahora que la mujer trabaja fuera, o debe trabajar fuera para que no la tachen de "lastre", las familias no viven mejor, no se come mejor (salvo en casa de las abuelas), los niños están peor educados que nunca (no hay tiempo para ellos), los divorcios se suceden tras escasos años de matrimonio (no hay por qué aguantar) y el estrés se ha adueñado del hombre y de la mujer a partes casi iguales (él sigue sin involucrarse en el hogar), pero ella, al fín, puede sentirse libre, feliz, e independiente...

¡Menudo cuento nos han vendido a todos!

Posted by Marga at 10:08:46 | Permanent Link | Comments (3) |

17/05/2008

Coqueteando...

Significado del verbo flirtear: (Del inglés to flirt)

1. intr. coquetear: dar señales sin comprometerse.

También puede usarse la expresión tener un flirt, con el significado de haber ligado.

Flirtear, en realidad,  proviene del antiguo francés: conter fleurette, que significa más o menos: intentar seducir.

En español se recomienda sustituir el término flirtear por el verbo coquetear o el sustantivo coqueteo; de origen igualmente francés, pero que gozan de mucha más tradición en nuestra lengua.

El origen de coquetear es coq, que significa gallo, tanto en sentido propio como figurado: coc du village (literalmente: el gallo del pueblo) es el gallo, el gallito; être un bon coq es ser muy enamoradizo. El verbo coqueter significa propiamente hacer el gallo, es decir el hombre que presume o pavonea entre las mujeres; y coquet es el que va por ahí de gallo. Su femenino es coquette, (la hembra del gallo es la la poule,la cocotte).


Olvidando que a una mujer se le llama gallina cuando se le quiere hacer una odiosa comparación... tiene gracia que a pesar de ser coqueta una expresión hecha para el hombre, hoy se utilice principalmente para ella. Para la cocotte... y desgraciadamente, con una acepción un tanto dudosa, cuando no despectiva.

A mí siempre me ha gustado el término coqueta. Nunca lo he utilizado pensando en un hombre, puesto que de ese modo lo estaría afeminando inevitablemente. Reivindico el adjetivo coqueta para las mujeres, tengan la edad que tengan, ya que no estoy nada de acuerdo con esta frase:

"La coqueta olvida que la edad está escrita en su rostro"

Autor: La Bruyère

Ni con ésta:

"El más admirable milagro del amor es curar a las mujeres de su coquetería."


Autor: La Rochefoucauld   

Y me hago, como de costumbre, unas difíciles preguntas... ¿Debe abandonar la divertida y alegre afición de coquetear la mujer comprometida? ¿Se arriesga a ser malinterpretada e injustamente tratada de meretriz? ¿Sabe el hombre mantener la delgada línea de la caballerosidad siempre a flote?

Pienso que, como siempre, es una cuestión de inteligencia y de amplitud de miras. Sentadas las bases y los límites, los diálogos amistosos -incluyendo los más osados y coquetos- no deberían sufrir de censuras.

¿O sí...?
Posted by Marga at 10:47:46 | Permanent Link | Comments (10) |

12/05/2008

De tal palo, tal astilla


Hace un par de días terminé de leer "El traje del muerto", de Joe Hill y a pesar de sus 404 páginas, no habré tardado más de una semana en su lectura.

Es de esas novelas que no puedes dejarla sin acabar, pues te atrapa y te hace interesarte por el final. La verdad es que en esto no soy muy imparcial, ya que son pocas las novelas (las historias) que yo puedo dejar a un lado sin saber pronto cómo terminan. Soy muy impaciente, y compruebo que no se pasa con los años...

Si alguien quiere fastidiarme, sólo tiene que dejarme con la duda. Dejar mis preguntas sin respuestas. Y ya me ha fastidiado. Que lo sepa...

A lo que iba, que me pierdo... es sumamente recomendable para todo aquél que no sea aprensivo, ni asustadizo... ni tema hablar de muertos u ouijas, ya que durante toda la narración está presente el traje del muerto... y el muerto.





Entre las macabras líneas del aplicado hijo de Stephen King, encuentro una gran historia de amor. O dos. Se dejan pasar una a la otra, de forma elegante y algo triste. Porque ambas no pueden acabar bien. Eso ya lo sabemos...


Ahora pasaré a leer una historia de Mary Higgins. Más sutil, más romántica, más femenina, pero igual de intrigante. Necesito algo más suave, mientras digiero el trajecito de marras.


Por lo menos, hasta que cicatricen las muchas heridas sufridas...




Posted by Marga at 13:13:04 | Permanent Link | Comments (5) |

07/05/2008

Las atracciones del hombre


"Antonio Bolinches al escribir su libro "El Arte de Enamorar", encuestó a 200 hombres solos. Tras indagar en sus preferencias el autor concluyó que el 80 por ciento de los entrevistados reconoce que ¡elige a las mujeres por su aspecto físico! Sin embargo  aceptan que ésa no es la clave para sostener una relación feliz.

Paralelamente, el grupo confiesa que casi nunca logra resolver el vacío afectivo que sienten. Se podría decir entonces que “el físico no lo es todo”.

Ahora bien, la autora Anne Campbell, por su parte, trabajó sobre una muestra de 125 hombres solteros y sin ningún tipo de compromiso. A partir de ello escribió el libro "Hombres y Mujeres, Atracción y Rechazo", concluyendo que, efectivamente, todo entra por la vista:

-El 43 de los hombres se fijan en los pechos.
-El 39 de los hombres se fijan en las nalgas.
-El 18 de los hombres se fijan en las piernas.
-El 12 de los hombres se fijan en los ojos.
-El 6 de los hombres se fijan en la sonrisa.
-El 2 de los hombres sucumbe ante la cintura.
-El 2 de los hombres presta especial atención a la voz.
-El 1 de los hombres se fija en la elegancia y el porte.
-El 1 de los hombres se fija en el comportamiento social.
-El 1 de los hombres se fija en el estilo.


Lo que demostró Campbell es que lo que atrae a los hombres, al menos en un comienzo, son aspectos del físico de las mujeres, y bastante específicos, como lo mostraba que temas como la elegancia o el comportamiento apenas causaban impacto en el grupo encuestado.

Sin embargo, quedarse ahí es un acercamiento muy simple. Según Antonio Bolinches, el autor de "El Arte de Enamorar", ningún hombre inteligente se resiste a ciertas características de ellas, que nada tienen que ver con su físico.

Algunas de las que más llamaban la atención eran:

-Las mujeres que escuchan más de lo que hablan.
-Las que aprendieron a mantener relaciones simétricas.
-Las que aceptan más críticas de las que emiten.
-Las que son permisivas.
-Las que detectan fácilmente sus valores.
-Las que aprendieron a modelarse a sí mismas."


¿La elegancia y el comportamiento de la mujer, apenas tiene importancia para el hombre...? ¿En serio? Estupefacta me quedo si esto es así. Según el estudio parece ser que donde haya una buena pechonalidad, la personalidad queda relegada a un puesto muy inferior, en cuanto a valoración masculina se refiere...

Por otra parte, el hombre no sólo tiene en cuenta que sus posibles hijos puedan alimentarse bien de pequeños, no... también aprueba con una sonrisa que la mujer sea permisiva (que le deje vivir su vida, vaya...), que aguante bien las críticas que él pueda tener a bien dispensarle (sin poner malas caras ¿eh?), que le escuche sus batallitas siempre que el lo considere oportuno (con atención, si es posible...) y que sea una fémina hecha a sí misma.

Vamos, una barbie que no cause la más mínima molestia, podría ser la conclusión...

Confío en que este estudio (con el que se han escrito dos libros distintos) sea una falacia basada en tópicos caducos, porque si no es así y el hombre sigue eligiendo un cerebro hueco en un cuerpo bonito, la mujer lo tiene claro.

Y el hombre, también...

Posted by Marga at 18:23:28 | Permanent Link | Comments (5) |
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